Si te portas bien, te daré unos pocos de mis dulces... ¿quieres?
El monstruo la miró y extendió su gigantesca mano peluda. La niña dejó una mora en su palma y esperó a que la criatura se la llevase a la boca. Entre gruñidos de placer, se la comió. La niña sonrió.
¿Más? - preguntó, poniendo una cereza entre sus labios.
Me gustaría tener un marcador para las situaciones de la vida, la gente y los lugares. Así pondría un trazo amarillo fosforescente sobre todo aquello que me llamase la atención y lo reconocería al pasar.
Como en los apuntes del cole, a lo realmente importante le haría además una raya en rojo por debajo. ¿Se pelearían mis amigos por tener ese trazo especial bajo su nombre?
Pero si todo el mundo se redujese a las caras que veo por la mañana en mi autobús, podría ser la más risueña de todo el universo. Y es que las prisas, los madrugones y los retrasos en el transporte público no son buenas semillas para las sonrisas.
Yo al menos te tengo a ti tonteando en mis recuerdos.
Estos días de fiestas tan siniestras sale lo mejor y lo peor de todos, puede que sea porque en la oscuridad, cuando no te ve nadie, te atreves a cosas que de otra forma estarían prohibidas. O puede que el disfraz te de un valor que no tienes. Y es raro querer besar a alguien mientras alguien que no te interesa piensa en besarte a ti.
La noche de Halloween, cuando todos éramos monstruos, creo que no acerté al elegir a quién besar, pero al menos la máscara me guardará el secreto.
Supongo que éste es un momento tan bueno como cualquier otro para empezar. Hay que cambiar cosas, me dicen, y he empezado por madrugar aunque no creo que se repita, porque me gusta demasiado la cama, con mis mantas, mi osito Oscar y las medias de lana gruesas hasta las rodillas. Y en fin, sólo sirve para que piense tonterías o que me ponga a escribir aquí. ¿Qué haría yo sin internet?
Cuando Ana me convenció ayer para cortarme el pelo me dijo que me vendría bien para parecer más madura. Que ondulado como lo llevo, ni fu ni fa, no llama la atención. Normal, porque es mi pelo, el de siempre, y casi no me lo toco, más que para recogerlo cuando molesta en clase. Asi que liso y a capas, me dijo, que gusta y ya no somos unas niñas.
Ojalá volver atrás fuese tan fácil siempre como lavarse el pelo y que vuelva a quedar como estaba. El look de ejecutiva agresiva no me va. ¿Lo siguiente qué sería, llevar un traje chaqueta? Me lavo el pelo y vuelvo a ser niña. Quiero ser niña todo lo que pueda.